PLATAFORMA RURAL

1.7.20

[Palabre-ando] La Huertocracia

¿...y si formulamos la creación de un Sistema de Huertas Agroecológicas Municipal?
Artículo aquí, La Huertocracia

un saludo

--
PALABRE-ANDO. Cosechas de textos
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.
- - -
Cooperativa EL PA SENCER



24.6.20

[Palabre-ando] huertos y pandemias

Bon dia
Dos textos que espero sean de tu interés

En Huertos de Libertad narro como en el huerto he aprendido que la vida se mantiene en equilibrio gracias a la caótica complejidad de la biodiversidad. Exactamente lo contrario de lo que hace la agricultura industrial (oxímoron) con la expansión de Los Cuatro Monocultivos del Apocalipsi, un road article con el que puedes viajar saltándote confinamientos.

Muchas gracias

--
PALABRE-ANDO. Cosechas de textos
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.
- - -
Cooperativa EL PA SENCER



29.4.20

[Palabre-ando] pancarta: el libre mercado nunca será confinado

Gustavo DUCH. Revista Soberanía Alimentaria, 28 abril 2020

aeroport cluj

Aeropuerto de Cluj, Rumanía. Foto: Raul Stef/Inquam Fotos

EL LIBRE MERCADO NUNCA SERÁ CONFINADO

A la misma velocidad de la expansión del coronavirus, recibo noticias de la propagación de las injusticias en el sector agroindustrial. Con la epidemia hecha ya pandemia, Ecoruralis, la organización rumana de La Vía Campesina, denunciaba la decisión de su gobierno de permitir los viajes internacionales para el trabajo de temporada en las cosechas de terceros países. La fotografía de 1500 personas haciendo cola para entrar en los chárters privados que las llevaron a los campos y granjas de Alemania, apretadísimas unas contra otras, dejaba muy claro que, desde la casilla de salida, los derechos de estas personas —mayoritariamente de procedencia rural— no fueron, no son, ni serán respetados.

Efectivamente, al llegar a los países anfitriones, si ya habitualmente sus condiciones de trabajo y de vida son «incondiciones de vida» —como seguro diría Gloria Fuertes— ahora todo se recrudece. Lo explica de forma emocionante Soledad Castillero en la revista Soberanía Alimentaria cuando describe la situación de las mujeres temporeras en la recogida de frutos rojos en Huelva: «Si las medidas de urgencia son lavarse las manos y no tenemos agua; quedarse en casa y no tenemos casa, (...) ¿qué hacemos?, ¿quién piensa en todo esto?, ¿dónde están quienes no pueden estar? Esta pandemia de indiferencia ya existía desde hace mucho». El desplazamiento desde sus no-casas a los lugares de trabajo tampoco está pensado para las condiciones actuales de distanciamiento social, exactamente igual que en la frontera de México y Estados Unidos. Como explica mi querido amigo Carlos Marentes, del Centro de Trabajadores Agrícolas Fronterizos en El Paso, «el transporte en las camionetas que los llevan a las cosechas o plantas de procesamientos en las  fincas de Nuevo México o de Texas es un viaje cargado de riesgos de contagio».

Ken Sullivan, director ejecutivo de la empresa Smithfield en Estados Unidos, el pasado 24 de marzo manifestó orgulloso: «En nuestras instalaciones se está operando al 100 % y estamos produciendo tan rápido como podemos». Ya no. Las manifestaciones de sus trabajadores  y trabajadoras, mayoritariamente migrantes, les han obligado a cerrar temporalmente sus plantas. Más de 350 personas se han infectado de coronavirus en ellas, siendo el peor foco epidémico de todo Estados Unidos hasta la fecha. Como explica la Fundación GRAIN, al levantar este caso estamos hablando, nada más y nada menos, de la empresa más grande del mundo en cuanto a producción de cerdos en cadena se refiere, la empresa china WH Group, propietaria de Smithfield (que a su vez durante un tiempo fue propietaria de la española Campofrío). El mayor propósito que tiene la inversión china en Smithfield es la exportación de carne de cerdo para alimentar la [provocada] creciente demanda cárnica de la población de su país.

De la misma manera, buena parte de la producción de carne de cerdo en España tiene el mismo final de trayecto: China. Una pieza clave es el macromatadero de Binéfar, de la empresa Litera Meat, donde trabajan unas 1600 personas, en su mayoría migrantes, señalado desde su inauguración por los ritmos brutales de faenado que comportan explotación laboral. Si a las escasas medidas de seguridad e higiene laboral habituales se les añade el miedo al despido cuando aparecen los primeros síntomas de COVID-19, la falta de mascarillas o la imposibilidad de guardar la distancia social, es lógico que, como se denunció este pasado 24 de abril, se haya localizado entre sus trabajadores y trabajadoras el mayor brote de coronavirus de Aragón, afectando aproximadamente al 24 % de la plantilla. Fiel espejo que confirma el lema empresarial "el libre mercado nunca será confinado".

Son imágenes que retratan el cinismo del capitalismo junto a su capacidad de adaptarse a cualquier situación. Bajo el argumento de que la agricultura es una actividad esencial, no se diferencia entre modelos agrícolas que hacen las cosas bien y modelos que las hacen mal, muy mal, como es el caso de las producciones intensivas de cerdos o fresas, señaladas repetidamente por sus injusticias en el trato laboral o por sus desmanes ecológicos. Y es que lo que finalmente prima, y en España con su modelo agroexportador es muy evidente, son los valores de la balanza económica. En concreto, 14.000 millones de euros de excedente en la balanza comercial alimentaria.

Ya lo decía Quevedo: «Poderoso caballero es don Dinero».

Gustavo Duch


--
PALABRE-ANDO. Cosechas de textos
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.
- - -
Cooperativa EL PA SENCER



14.4.20

[Palabre-ando] De la distopía a la utopía

Buenas tardes, 
dos artículos que pueden ser de tu interés


salut

--
PALABRE-ANDO. Cosechas de textos
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.
- - -
Cooperativa EL PA SENCER



26.3.20

[Palabre-ando] esperando que estéis bien

Un virus del monocultivo alimentario

revista soberania alimentaria

Gustavo DUCH


En un artículo publicado en 2014 recogí unas declaraciones del sociólogo Jean Batou en las que, analizando información respecto a la pandemia del ébola, explicaba que su origen estaba relacionado con la implementación de un modelo de agricultura diseñado para generar materias primas para el mercado, en lugar de alimentos para la población. Expansión vírica por el capital. En concreto, sus palabras decían «la transmisión del virus del ébola de la fauna a las personas está vinculada a las transformaciones cualitativas operadas en el medio ambiente de la región a causa de la deforestación, del acaparamiento de recursos naturales, del acaparamiento de tierras y de la explosión del monocultivo para la exportación».

En el caso del ébola fue la expansión en África del monocultivo de palma africana, del que se extrae el aceite de palma que encontramos en tantos alimentos industriales y en el biodiesel, la que permitió el contacto entre humanos y el reservorio de este virus, un murciélago frugívoro. La revista Anfibia, en un artículo de esta semana, lo explica muy bien. El monocultivo favorece la fragmentación del bosque tropical y de las selvas, de manera que la carencia de espacio hace que se concentren muchas especies de murciélagos en los pocos árboles que quedan en pie. Esta mezcla de especies que no habían interactuado antes en el ambiente «fue el caldo de cultivo de lo que pasó después».  Sin fronteras entre selva y aldeas, el contagio es sencillo. La revista explica otros casos de nuevos virus que han resultado de las mismas dinámicas, como la deforestación en Bolivia para el cultivo de arroz o la deforestación en Argentina para el cultivo de soja.

De hecho, como explica el informe «Un futuro cultivado en granjas» de la fundación GRAIN, lo mismo ocurre en otros lugares de hacinamiento: las granjas intensivas de cerdos. La epidemia del virus de la peste porcina africana, que también se extiende actualmente desde China a muchos otros países, sigue esa misma pauta. Los virus se multiplican y mutan en las grandes granjas intensivas donde muchos animales malviven asardinados. El salto a las personas es un riesgo que se advirtió en el caso de la llamada Gripe A del 2009.

Y no solo quiero señalar con el dedo a la industria alimentaria responsable de estos monocultivos, en definitiva el coronavirus es una muestra, como la crisis climática con sequías y huracanas, de un sistema capitalista que no solo es muy injusto sino que es extremadamente frágil porque hemos roto todo el equilibrio natural.

Soy aprendiz de hortelano y he aprendido algunas cosas fundamentales. Si planto el huerto con solo un cultivo y además castigo la tierra con fertilizantes inorgánicos para mejorar las producciones, tengo un huerto muy vulnerable. La llegada de un hongo o un virus, no la podré detener, se esparcirá rápidamente sin defensas propias basadas en la biodiversidad. Este huerto uniformizado y envenenado ha perdido armonía y equilibrio.

Entonces ¿volvemos a la diversidad de pequeñas comunidades productoras de alimentos?

 


--
PALABRE-ANDO. Cosechas de textos
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.
- - -
Cooperativa EL PA SENCER



2.2.20

[Palabre-ando] Petróleo detrás de casa

El Periódico de Catalunya. 31 de enero 2020. Gustavo Duch

Cerca de mi casa, en la misma Barcelona, se ha descubierto ¡petróleo! En una de las obras en mi barrio han brotado pequeños regueros negros y aceitosos que, efectivamente, demuestran la existencia de petróleo. De momento muy poca gente lo sabe, aunque me consta que algunos jubilados lo sospechan. Yo lo descubrí por la noche, sacando a pasear a la perra. Junto a las excavadoras y grúas vi a un grupo de personas todas vestidas con monos blancos. No quiero ser alarmista, pero he conseguido informes de la compañía extractora donde dicen que el petróleo es de buena calidad y fácil de extraer. También explican que el 80% de mi barrio y el 50% del barrio colindante van a ser desalojados, y argumentan que "por interés general, en un momento de crisis energética, la ciudadanía entenderá perfectamente que desalojemos a 150.000 familias y se cierren tres hospitales y 26 escuelas e institutos". Añaden que "será importante prever todas las consecuencias ambientales que supondrá la extracción del petróleo, pero se dispone de las técnicas más avanzadas y sostenibles…".

Y así empezó un artículo mío de enero del 2010 con el que quería advertir sobre la injusticia de los avances de las petroleras en países del Sur, sostenidas con la excusa de generar empleo y riqueza. Con esos mismos pretextos, nuestro mundo rural es el patio trasero donde se ubican las centrales nucleares, los vertederos, los polígonos petroquímicos…

Diez años después retomo dicho escrito -lo que ahora se llamaría un 'fake'- para advertir de que el acoso al medio rural sigue más vivo que nunca. Tanto se han repetido los mensajes de la España Vacía que parece que cualquier cosa es válida para volver a rellenarla. El crecimiento de las macrogranjas de cerdos da buena cuenta de ello.

Poca población y zonas empobrecidas -aunque ricas en recursos- son los ingredientes perfectos para la implementación de proyectos con muy pocos beneficiarios. Y eso ocurrió también hace diez años con el 'boom' de parques eólicos en nuestro territorio, y está ocurriendo de nuevo. Las grandes compañías energéticas y sus comisionistas andan localizando terrenos para nuevos parques eólicos, varios de ellos en el altiplano de La Segarra.

Es evidente que debemos transitar a nuevas fórmulas de generación de energía, dejando atrás las fósiles y aprovechando recursos limpios como el viento, pero no podemos replicar las fórmulas actuales, centralizadas, privatizadas y en manos de los oligopolios energéticos. En Europa, y también en Catalunya, como el proyecto Viure de l'Aire en Pujalt, son muchos los ejemplos de aerogeneradores gestionados por la población, con fórmulas verdaderamente democráticas donde los beneficios son transparentes y socializados, y donde el propio territorio tiene conocimiento, mesura y amor para compatibilizar molinos con naturaleza. Presión a las administraciones y contraproponer estos modelos de propiedad compartida puede ser la mejor manera de evitar una nueva invasión rural cuyo color, aunque la llamen verde, es el negro capitalista.

EFE/LUIS TEJIDO

--
COSECHAS. Relatos de mucha gente pequeña.
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.

30.1.20

[Palabre-ando] la bruja y el brujo

El brujo

La Fertilidad de la Tierra, Invierno 2019. Gustavo Duch

Isidro García nos lo contó en Benalauría, uno de esos pueblos blancos de cal y calientes de corcho que sobreviven amarrados a las montañas, en la Serranía de Ronda.

Ahora ya está jubilado, pero siempre que puede se acerca a la escuela del pueblo y desde la reja observa cómo se ejerce la que fue su profesión de maestro. Ya no son como él, profesores y profesoras nacidos en esos mismos pueblos o adoptados por ellos. De los casi dos mil enseñantes que hoy cubren las plazas de la Serranía, casi dos mil van cada día desde la ciudad más próxima al trabajo y vuelven cada día del trabajo a la ciudad.

— Estaban los niños haciendo clase de gimnasia en el patio, en el mes de junio, a más de 37 grados cuando, por fin — dice Isidro — el profesor comprendió que había hecho una mala propuesta. Y les dijo, "descansad a la sombra de ese olivo". Después de esa instrucción imperativa vi cómo uno de los zagarillos se acercó al profesor diciéndole educadamente, "vale maestro pero ese olivo es un sauce llorón".

Lucía Barrón / https://www.domestika.org/es/lubarron

La bruja

La Fertilidad de la Tierra. Invierno 2019. Gustavo Duch

Miento si digo que la abuela de Danilo era medio bruja porque tengo pruebas fehacientes que su condición brujeril lo era al ciento por ciento. Una de tantas la esgrime su nieto cuando cuenta lo ocurrido aquel día en que desde una de las casas vecinas a la de ellos, en unos humildes campos del Brasil, trajeron con urgencia a un niño de año y poco, más blanco que muchos cadáveres.

— Danilo, anda tráeme un puñado de hojas del árbol que da sombra a las matas de café — pidió la abuela con urgencia pero sin perder la calma.

Con ellas en la mano las agitó en fuertes movimientos junto al enfermo a la vez que emitía unos gritos igual de fuertes y de desafinados. Danilo y el resto de observadores, acostumbrados a los extraños rituales de la abuela, no se asustaron aunque existían sobrados motivos. Sólo pasaron tres o cuatro minutos cuando el niño se incorporó, y ya con colores sanguíneos en los mofletes, sonrió.

Más sorprendente fue cómo a la vez, las hojas mágicas del árbol que da sombra a las matas de café que cultiva la abuela se marchitaron instantáneamente entre sus manos, demostrando que la muerte –a la que tanto miedo tenemos– no es más que el antes de la vida.

Lucía BarrónLucía Barrón 


--
COSECHAS. Relatos de mucha gente pequeña.
UN GRITO ENRAIZADO. Recitales de proximidad.