PLATAFORMA RURAL

18.2.19

[Palabre-ando] efecto llamada

El Periódico de Catalunya, 16 de febrero de 2019

¿Y si no hubiéramos sentido el impulso de querer cambiar el mundo? ¿Y si nuestra enérgica juventud hubiera estado domesticada? ¿Y si los vecinos y vecinas -de hecho los antiguos habitantes- no nos hubieran apoyado como nos ha apoyado toda la sociedad? ¿Y si no hubiéramos leído textos sobre la importancia de revalorizar lo rural, la agricultura y la soberanía alimentaria? ¿Y si no nos hubiéramos emocionado en el acto respetuoso de enterrar un semilla? ¿Y si la vida en comunidad no hubiera despertado en nosotros ansias y deseos? ¿Qué habría pasado si no hubiéramos creído en la solidaridad, la autogestión, la autonomía y la autosuficiencia?

Si esas seis personas hubieran hecho caso omiso a sus valores y sentimientos, a puros instintos recubiertos de lógica y de razón, el pequeño pueblo de Fraguas, enclavado en el centro del abandono rural de Guadalajara, no hubiera visto el pausado renacer manual de algunas de todas aquellas casas que la autoridad franquista competente mandó destruir para reconvertir en zonas de entrenamiento militar. Si esas seis personas hubieran amputado el coraje de sus brazos, las huertas de Fraguas seguirían infértiles sin producir alimentos sanos. Si esas seis personas no hubieran dedicado por entero sus vidas desde el 2013 a la reconstrucción de un pueblo expropiado y abandonado, Fraguas no sería como es ahora un espacio que, inspirado en el pasado, es garantía de sostenibilidad y futuro. No hubiera sido un proyecto viable y real.

Y eso es lo que a las administraciones les ha generado miedo, como reconoce la sentencia, miedo al "efecto llamada". Miedo a que la juventud quiera volver a los pequeños pueblos a organizar su vida al margen del consumismo que tantos impuestos genera; miedo a perder territorio que en sus manos es caldo de especulación, miedo a perder tajada cuando cualquiera de todos estos espacios vaciados del mundo rural se rellene con una macrogranja de cerdos, con una pista de rallies o un vertedero para los residuos urbanos.

Por ello, si estas seis personas no hubieran obrado tan maravillosamente, recreando un punto de esperanza, no hubieran sido condenadas, cada una de ellas a un año y nueve meses de prisión por delitos contra la "ordenación" del territorio, ni a pagar una multa colectiva de 16.000 euros para hacer frente a las obras de derribo de las casas y almacenes que con su esfuerzo han reconstruido. Porque para la Administración y la clase política que nos gobierna, lo lógico es volver a dejar el paisaje con casas pudriéndose como cadáveres, con runas bloqueando los caminos, con pueblos sin almas, con campos yermos.

Y aún más, estoy seguro que Aurora, Jaime, Lalo, y compañía se preguntan: "¿Qué hubiera ocurrido si hubiéramos aceptado pagar la multa?" Y saben muy bien lo que hubiera ocurrido: que el impago de la multa no se hubiera convertido en días de prisión que sumados a los de la sentencia no hubieran alcanzado la cifra de dos años y tres meses para entrar en la cárcel que, ahora, les espera.

Pero todo esto ha sucedido. Y la dignidad de Fraguas sigue en pie.

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9.2.19

[Palabre-ando] artículos matemáticos

Saludos,
Aquí un artículo que explica cómo a más agroindustria menos campesinado, y aquí otro artículo para entender cómo pueden crecer al mismo tiempo la alimentación industrial y la alimentación ecológica.
Espero puedan ser de tu interés.

Gracias

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22.1.19

[Palabre-ando] Pajaritos fritos, literalmente

El Periódico, 19 de enero de 2019

Las currucas, como la cabecinegra, con esos ojos rojos destacando en el negro del capirote; la mosquitera, al contrario, discreta en su pelaje; o la capitorada de canto melodioso. Los zorzales como el charlo, un pájaro vestido de leopardo; el tordo o el zorzal común que siempre encontramos en bandadas; o el alirrojo que, como su nombre explica, guarda debajo de las alas unas plumas rojas y atractivas. El frágil petirrojo pero intrépido y valiente que se acerca casi a comer de nuestras manos. El verderón, que dicen que es un gorrión alimentado con esmeraldas. Los más pequeños de todos, los mosquiteros, como el ibérico, un rayo de sol reflejado en la arboleda; el común, que no deja de cantar chif-chaf, chif-chaf, chif-chaf; el musical, violinista y escalador a la vez; o el congénere más rechoncho y pálido, el papialbo. El inconfundible jilguero disfrazado de indio siux antes del combate. El pardillo, que luciendo un lunar rojo en la frente y en el pecho se confunde con una pequeña niña hindú corriendo con su sari escribiendo nubes en los bosques. Las señoras lavanderas, garbosas en su caminar, blancas o amarillas. Todas.

Todas estas aves, que al acabar el verano viajan desde diferentes puntos de Europa hacia el sur peninsular, después de su incesante actividad, al llegar la luna, buscan un lugar seguro y protegido para descansar. Un lugar que les gusta son los setos en los que la avaricia humana ha convertido al señorial y retorcido olivo.

El olivar súper intensivo, que fue diseñado en Catalunya hace unos 15 años, se está extendiendo por todo el territorio. En fila india, uno pegado a otro, se hacen crecer los olivos conformando unos setos, obteniendo unos campos más parecidos a las viñas en espaldera que a un campo de olivos. Con este sistema, la industria agroalimentaria consigue mayores producciones con menos mano de obra. Unas grandes máquinas pasan por encima de estos olivos-bonsái, como si los cabalgaran, vendimiando automáticamente todas las aceitunas. En campos donde antes se tenían entre 200 y 300 árboles por hectárea, ahora hemos llegado a los 2.000 árboles.

Como esta práctica se hace por la noche, "las cosechadoras", dicen expertos de la Junta de Andalucía, "equipadas con potentes focos de luz, se colocan por encima de los setos para cosecharlos, depositando los materiales colectados sobre el remolque que llevan adosado. Es ahí donde se pueden encontrar los cadáveres de aves amontonados entre la aceituna y hojarasca engullidos por la maquinaria (…) contabilizando hasta 100 aves muertas por cada remolque cosechado. Es decir, un centenar de aves por cada hectárea". Solo en Andalucía se estiman alrededor de 2,6 millones de aves muertas en el superolivar.

Nadie tuvo en cuenta estas víctimas colaterales cuando se diseñó este nuevo sistema. Pero me temo que ahora que ya se conoce el drama aviar de los pajaritos fritos, nadie detendrá tan colosal avance de la agricultura moderna. Tampoco por el desempleo que genera, ni por el consumo de agua que estos olivos exigen, ni por la tortura que sobre ellos ejercemos.

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17.12.18

[Palabre-ando] En caso de naufragio, chalecos amarillos

El Periódico 16 de diciembre 2018. Gustavo Duch

Desconozco la historia concreta de Santa Fe de Montfred, un conjunto de masía y ermita, pero creo que es innecesario. Está en ruinas, como muchas masías dispersas por todo el territorio catalán. Está completamente abandonada, como muchos pequeños pueblos del país. Pero Montfred tiene algo especial, de metáfora. Caminando hacia el este, el sur o el oeste, en pocos minutos puedes situarte en la provincia de Lleida, en la de Tarragona o en la de Barcelona. Un punto central de nuestro territorio abandonado como fiel reflejo de la realidad de un país que, como todos los industrializados, han ninguneado al mundo rural.

Al no poder vivir de la agricultura y la ganadería -el sector primario-, en las últimas décadas han sido cientos de miles las personas que han dejado sus oficios campesinos, sus granjas, masías y pueblos, para incorporarse a otros sectores, seguramente en la ciudad o en sus alrededores. En este siglo, el cálculo promedio indica que, cada día, dos fincas agrícolas han cesado en su actividad. No es de extrañar entonces que sobre una población total de unos 7 millones de habitantes, solo 25.000 ejerzan oficios campesinos, cuando en 1994 eran el doble.

Desequilibrio demográfico

Efectivamente, el mundo rural desaparece provocando un grave desequilibrio demográfico. Como explicó hace un año La Federación Española de Municipios y Provincias, los pueblos por debajo de 1.000 habitantes, con pérdida de población constante, con un serio déficit de los servicios públicos, obligando a recorrer muchos kilómetros para cualquier cuestión cotidiana, están en riesgo de desaparición. En el caso de Catalunya, de los 947 municipios, 483 tienen menos de 1.000 habitantes: uno de cada dos, señalados como pueblos en peligro de extinción.

Y me pregunto ¿es sostenible un país sin población en el medio rural y sin población produciendo alimentos? Yo, que acumulo juventud, aún recuerdo nítidamente que en la escuela nos enseñaban la pirámide de los sectores de producción. En la base de la pirámide, como su nombre indica, el primero de los sectores, el primordial, el que todo lo sostiene: el sector primario. Sobre él descansaba el sector secundario, la construcción y la industria. Por último, en la cúspide, colocábamos el más pequeño de los sectores, el sector terciario, el de los servicios. Pero, al dibujarla ahora, la pirámide aparece completamente invertida. La base es apenas un vértice, con solo el 1% de la población activa dedicada al sector primario y generando un PIB que ronda el 0,8%. Por encima, mucho mayor, la industria. Y arriba, y enorme, el sector de los servicios con un buen pedazo ocupado por el turismo. Es un equilibrio imposible de una economía que naufragará.

Un dato más. A propósito de la crisis en su país, el demógrafo francés Hervé Le Bras ha superpuesto tres mapas: el de los departamentos que pierden población, el mapa que refleja la lejanía con respecto a los servicios de la vida cotidiana y el mapa de los departamentos con alta densidad de 'chalecos amarillos'. Coinciden.

Por los altavoces escucho: "En caso de naufragio, preparen sus 'chalecos amarillos'".

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29.11.18

[Palabre-ando] Un país llamado Cerdilandia

Un país llamado Cerdilandia

Gustavo DuchNovember 29, 2018

Hace cinco o seis años, Patricia, Txetxu y yo visitábamos una cooperativa de agricultores andaluces dedicados a la producción de tomate para uso industrial. Industrial, porque disponían de una fábrica enorme en la que, por un lado, entraba el tomate cosechado y, después de pasar por un sinfín de tubos, salía tomate frito listo para envasar por el otro extremo. Era un momento dramático para la cooperativa, pues, como pudimos ver, almacenaban varios cientos de bidones azules de cien litros cada uno rellenos de tomate frito que no sabían dónde vender. La fábrica catalana de pizzas Tarradellas, que era su cliente principal, les había dejado de comprar tomate frito al encontrar proveedores más baratos en Marruecos.

El gerente de la cooperativa nos contó la solución que querían explorar para salvar su estrategia del monocultivo de tomate. "Queremos abrir el mercado con China. Si todos los chinos se acostumbran a comer arroz a la cubana, estaremos salvados", expuso.

Confieso que sonreímos al oír la estrategia del "arroz a la cubana", pero no andaba desencaminado para nada. Este 29 de noviembre, aprovechando la presencia del presidente de China, el Estado español y este país han dado a conocer un acuerdo por el cual podremos exportar carne fresca y embutidos de cerdo hasta hartar a toda la población china de suculentos platos hechos a base de tocino, jamón o lomo de cerdo.

Viendo la recepción que hizo toda la aristopolítica española a la comitiva china –al estilo de Bienvenido Mister Marshall, con el rey y la reina en los papeles de Pepe Isbert y Lolita Sevilla– y leyendo en la prensa todo tipo de parabienes, me pregunto: ¿No vamos a decir nada? España ya es un monocultivo de cerdos, y Catalunya lidera el sector, que representa casi el 2% del PIB estatal. Con esta «promesa» a la porcinocultura industrial, las macrogranjas de cerdos se van a seguir multiplicando por todo el territorio hasta que llegue un día que China encuentre otro proveedor más barato y deslocalice su necesidad carnívora más lejos y, entonces, nos preguntemos: ¿Y a quién vendemos tanto cerdo?¿A los habitantes de Marte?

Pero, mientras tanto, tendremos más de todo lo que representa la producción industrial porcina: desaparición de las últimas fincas sostenibles y administradas en lógica de comercio local; más contaminación de tierras y acuíferos a causa de los purines generados por la supercerdipoblación; más emisión de gases CO2 para incumplir a rajatabla con los compromisos contra el cambio climático; mayor dependencia del comercio internacional de soja para alimentar a tanto cerdo; mayor responsabilidad, por tanto, de la pobreza que este modelo productivo genera en países del sur; más fórmulas de explotación laboral en los mataderos y granjas; más explotación vital de seres vivos condenados a vivir sin moverse o bien a parir más o bien a engordar más rápido, por ejemplo.

Porque Cerdilandia es una de las peores noticias agroalimentarias de los últimos años. Y, como dice la estrenada canción de Nacho Vegas para celebrar el aniversario de Ecologistas en Acción, si no queremos acabar viviendo en Marte –aludiendo al libro del poeta Jorge Riechmann Gente que no quiere viajar a Marte–  habrá que "seguir escribiendo cartas, levantando barricadas, seguir con nuestro cantar mientras sea la ternura un don".

Y provocar una "rebelión en la granja".


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26.11.18

[Palabre-ando] Google y la agricultura

25 de noviembre, 2018. El Periódico de Catalunya

Estos días, se ha divulgado por internet el anuncio de una nueva innovación tecnológica alimentaria, el huevo precascado y envasado en plástico para facilitar su consumo. El anuncio es falso, pero a mi entender es una mentira que acierta reflejando las tendencias en este sector. De hecho, ¿quién no ha visto las mandarinas peladas y servidas en gajos listas para comer?

Estos 'avances' en la forma de presentarnos los alimentos son solo la punta del iceberg; los verdaderos 'logros' tecnológicos se dan, a velocidad de vértigo, en las etapas de su producción. En el sector ganadero, algún día podremos hablar de cómo se han ido seleccionando las cerdas que en mis tiempos de estudiante de veterinaria tenían partos de nueve o diez lechones, y ahora están por encima de 16 o 17 lechones (para desgracia de la madre). Pero donde hoy quiero poner la atención es en el sector agrícola, lo que se conoce ya como agricultura digital o de precisión.

Campos con tractores que se conducen solos

Fíjense, uno de los grandes eventos agrícolas del año tendrá lugar los próximos 26 y 27 de noviembre en Córdoba. La inauguración será a cargo de la máxima responsable de Google en España, quien abrirá dos días de conferencias sobre digitalización, robótica y drones. En principio, poco que ver con el oficio campesino, porque cada vez es más habitual manejar campos con tractores que se conducen solos y que deciden sus acciones a partir de información (de plagas, de humedad del suelo, de otros registros meteorológicos, etc.) que les llega, en tiempo real, de sensores y drones de exploración. No solo -dicen sus promotores- mejorará las producciones sino que permitirá que la agricultura no dependa de personas en el medio rural. Se manejará con un simple teléfono móvil desde el sofá de la capital. Justo lo que no se necesita. Justo una tecnología que provocará todavía más despoblación rural y acaparamiento de tierras. Justo otra tecnología que hará de los y las agricultoras unas marionetas movidas por los hilos de las empresas que controlen los datos y la maquinaria especializada.

La única duda que alberga el avance de la agricultura digitalizada es quién se llevará el gato al agua. En estos años se está viviendo una verdadera batalla por parte de las empresas tradicionales del sector agrícola para hacerse con el control de las empresas de la robótica y el manejo y obtención de macrodatos. Monsanto creó una división al respecto y Bayer, antes de absorber a Monsanto, también se preocupó de adquirir empresas que proporcionan información meteorológica o salud vegetal. El gigante de la maquinaria agrícola, los famosos tractores Deere, se ha especializado en maquinaria automatizada al mismo tiempo que busca fusiones para tener acceso a dicha información digital.

Ninguna de estas empresas de 'hardware' será la ganadora. Más bien me imagino que la propia Google, la 'boss' del 'software', dejará las cosas muy claras en la presentación de Córdoba: «Quien controle los datos, controlará el mundo», dirá, y nos rendiremos a sus pies.

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28.10.18

[Palabre-ando] Tengo abejas en la cabeza

Tengo abejas en la cabeza

El Periódico de Catalunya. 26 de octubre de 2018. Gustavo Duch

Estoy muy motivado con mi nuevo proyecto. Desde hace años leo con preocupación muchas referencias a la desaparición de las abejas en todo el planeta y sus consecuencias. Ya no es solo la extinción de otra de las muchas especies animales o vegetales que habían sido parte de la naturaleza. Hablamos de una extinción emblemática que podría representar graves problemas para la supervivencia, paradójicamente, de la especie más depredadora de todas las especies animales, el ser humano. Las abejas son responsables de la polinización del 70% de los cultivos agrícolas que nos dan de comer.

La principal causa del declive de las abejas tiene que ver con el uso de pesticidas en la agricultura industrial, desde el conocido glifosato que hizo famosa a Monsanto hasta los neonicotinoides de Bayer, empresas ahora fusionadas. Por eso, viviendo en la ciudad y con una terraza en casa, siempre tuvimos claro que no debíamos utilizar este tipo de productos para nuestras plantas, pero -y este es el proyecto- ¿qué tal si contribuimos a la repoblación de abejas instalando una colmena en la terraza? En casa nos hemos informado y realmente vale la pena intentarlo: no es una idea alocada; y de un tiempo a esta parte, disponer de colmenas en las ciudades es una práctica en aumento.

La primera duda es sobre la calidad del hábitat que les ofreceremos a las abejas. Ciertamente convivirán con humos de los tubos de escape, pero estarán fuera del peligro que representan los insecticidas que, comentábamos, se aplican en el campo. Respecto al alimento de las abejas, la ciudad, dicen los expertos del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la UAB que esta les ofrece más que suficiente, pues está calculado que dispone de muchos más recursos vegetales que polinizadores que los utilizan, es decir, nuestra colmena aprovechará la energía almacenada en el polen y néctar de esas plantas entregándonosla en forma de miel.

Según los estudiosos, esta miel no es de menor calidad que la miel rural. De hecho, tuve la ocasión de probar la miel que se produce desde hace más de 20 años en los tejados del edificio de la Opera Garnier de París y, organolépticamente, estaba deliciosa. Respecto al riesgo de sus aguijones para el barrio, la presencia de una o 10 colmenas no es significativa y, en cualquier caso, esta especie prepotente a la que pertenecemos debe reaprender a convivir con estos seres vivos del planeta.

Así que ya tengo diseñado el proyecto. He localizado donde realizar un curso de 'apicultura urbana'. También he encontrado una oferta amplia para poder comprar una colmena y los cuatro o cinco instrumentos básicos para su manejo. Una asociación de apicultura urbana me ha puesto en contacto con un apicultor profesional que me facilitará un enjambre.

Pero ahora sé que no podré llevar a cabo el proyecto. No vivo ni en Tokio, ni en Nueva York, ni en París, ni en Londres, ni en San Francisco, ni en Brooklyn. Si quieren practicar la apicultura, es decir, el arte del cuidado de las abejas, para no llevarse una decepción como me ha ocurrido a mí, consulten previamente las normativas de su ayuntamiento. Y después súmense a quienes promueven que la apicultura urbana deje de ser una actividad prohibida para ser una actividad posible y regulada.

Leonard Beard

Leonard Beard


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